martes, enero 16, 2007

Inocua

Dónde fue
la inocencia inocua
me dejó ver
las heridas del ayer.

Veo la luz
siempre a través
de un cristal ahumado gris
quiero tachar
quiero alterar
una historia que escribí.

La sensación de calma oprime y me asfixia
el paso del tiempo sólo decepción cultiva
regala esta razón a quien la necesite
devuelve la locura y las ganas de ser libre.

Deforme la raíz
desnuda la ilusión
tuviste que partir.

Devuelve lo que un día te presté
jugando a crecer
declara el juicio nulo otra vez
ya no vayas, quédate.

Creen saber
lo que han venido a buscar
quieren pasar
y miran sin observar.

Te entierran sin más
desean tomar
un atajo en su edad
ignoran tal vez
todo tu poder
pronto se arrepentirán.

Deforme la raíz
desnuda la ilusión
tuviste que partir.

Devuelve lo que un día te presté
jugando a crecer

declara el juicio nulo otra vez

ya no vayas, quédate.

jueves, enero 11, 2007

El regalo a mis oidos

Otra vez ella, la única capaz de transmitirme sensaciones que logran suavizar mi inflexibilidad y mi indiferencia, consigue de nuevo motivarme en cualquier nueva locura o idea absurda, logra calarme muy hondo y llegar allí donde nadie llega. Ella que me acogió cuando yo tan sólo la tanteaba y la observaba desde muy lejos. Ella, que desde hace tantos años está presente en mi vida y constituye una pieza fundamental en este complejo y retorcido mecanismo al que llamo vida, capaz de deleitarme durante horas sin tener noticia alguna del hastío, fuerza motriz de mi rutina, mi musa, versátil creadora de emociones tan dispares…siempre ella.

Creció conmigo haciéndome madurar y convirtiéndome en lo que soy, y a pesar de no poder tocarla me enseñó más que muchos a los que palpé demasiado. Nadie nunca consiguió
hacerme saltar del más oscuro abismo hasta el mismísimo cielo en menos tiempo y de forma menos racional, sin palabras, tan sólo con su presencia.

Porque sin ti mi vida sería en tonos grisáceos, porque eres capaz de hacer menguar todos los problemas de forma mágica y bella, mi más sana droga, mi antidepresivo y mi alucinógeno. Porque te exploro y te estudio de forma insaciable hasta allá donde otros ni siquiera saben que te extiendes. Porque cada día me enseñas algo nuevo, porque rescato facetas de ti
que ya creía olvidadas, porque llevas aquí desde siempre, por mi absoluta dependencia.

Por fin tomo un papel menos pasivo para poder moldearte a mi antojo, pudiendo transformar los impulsos que hay en mi cabeza, dándoles forma y color a través de mi novata voz, y espero poder seguir haciéndolo aunque nadie nos escuche, pues mi relación contigo no es por conveniencia ni tan siquiera por alarde, sólo estoy unido a ti por amor.

martes, octubre 31, 2006

¿Las dos caras de la verdad?

No puedo evitar taparme la nariz cuando me alcanza ese fétido hedor a hipocresía, que a medida que pasan los años, se hace cada vez más y más frecuente, tanto, que ya casi no logro distinguirlo.

¿A cuántos infelices somos capaces de desenmascarar? Y, lo que es peor, ¿cuántas máscaras posee cada uno? Si levantamos una tras otra, ¿qué nos quedará? Si continuamos así, probablemente encontraremos aquello que ni siquiera deberíamos tener interés en buscar, bendita ignorancia... Porque es más fácil así, es más sencillo resguardarnos en la mentira, allí, desde un oscuro rincón donde nos conformamos con observar al resto sin prestar demasiada atención, e intentando soslayar de igual forma las miradas que nos disparan.

¿Por qué mentimos? Muchas veces por nimiedades tales que no suponen daño alguno para nadie y, aunque todos sabemos que no es justificable tampoco de esta forma, no tienen importancia. Como tampoco la tienen las mentiras infantiles inventadas por niños (y algunos no tan niños) con ánimo de lucro o lucimiento personal. Las "malas mentiras" traspasan esa gran frontera y van más allá (sí, todavía se puede llegar a más), aquellas que nos rescatan de nuestros más profundos errores de los ojos acusadores de los demás, y nos devuelven a nuestro seguro cobijo, con nuestra máscara y nuestro rincón oscuro. Sí, estas mentiras están causadas siempre por el egoísmo, él es el causante de casi todos los problemas que nos rodean, también de ese hedor, está detrás de lo que vemos y de lo que no vemos, siempre él. Pensamos tanto en nosotros mismos que difícilmente descubrimos nuestro error, preferimos hacerle caso a él, y derivar nuestro fallo en el más cercano a veces o en el más vulnerable, o sencillamente lo ocultamos lo mejor que podemos.

¿Conciencia? Demasiado costosa e ineficiente, el egoísmo es más rentable, consigue la misma finalidad a mejor precio, al menos a corto plazo...Porque a largo plazo tiene la tara de dejarnos plasmado ese característico hedor, ese que nos delata, no todo iban a ser ventajas. También nuestras máscaras se vuelven de un color más llamativo, más difíciles de retirar cada vez, casi se convierten en una segunda piel.

Incluso después de leer este intento de filosofía barata, seguiremos pensando que son ellos quienes yerran, claro que ellos no cambiarán de opinión al respecto. ¿Cómo descubrir la "buena cara" de la verdad? ¿Cuántas caras tiene? ¿Sólo dos? Probablemente para saberlo necesitemos tirar la casa por la ventana y no abaratar costes así que por favor, no sed tacaños.

lunes, octubre 23, 2006

Los elegidos

A menudo topamos con seres de toda índole, gran parte de ellos prosigue su camino sin prestar importancia alguna al encuentro, pero sólo algunos elegidos importan su vida junto a la nuestra, en ocasiones motivados por la búsqueda de sensaciones jamás antes experimentadas, por disfrute de nuestra grata compañía o sencillamente por la inexistencia de distancia suficiente entre sus moradas y la nuestra. Se convierten así en nuestros elegidos, aunque alguna vez usemos esta denominación a regañadientes por hacer menos desagradable la convivencia y nos veamos obligados a colocar la misma etiqueta como premio de consolación.

A medida que el tiempo transcurre, el número de elegidos disminuye. Retiramos etiquetas de igual forma que colocamos antaño, e incluso las transferimos. No costó trabajo colocarlas, pero necesitamos realizar un gran esfuerzo para retirar algunas de ellas, casi siempre acompañado de rabia y dolor. También ocurre que pueden despegarse solas, cayendo al suelo junto con el mito, tal vez no las colocamos con demasiado empeño. Pero sólo algunas de éstas son personales e intransferibles, imposibles de arrancar, quizá en alguna ocasión hemos intentado en vano arrebatárselas a nuestros elegidos, llegando a dudar incluso si son meritorios de dicho título. Probablemente somos incapaces de realizar la tarea porque adherimos en un pasado las etiquetas con demasiada fuerza, porque las presionamos más cuando los elegidos estuvieron a nuestro lado, o porque el tiempo ha logrado que se fundan en su misma piel.

Es entonces cuando prefiero dejar de usar las etiquetas de elegido para sustituirlas por las de hermano. Muy pocas etiquetas tengo con este nombre, ni siquiera sé si me queda alguna en el cajón, tal vez estén todas colocadas ya, quiero creer que no. Sea como fuere, lo importante es que las etiquetas con este apelativo estén colocadas y no en mi cajón, hay muchos cajones llenos por ahí.

Por tener la suerte de haberme topado con vosotros, por haber estado ahí cuando habéis estado y cuando no, por hacer más respirable el aire, por existir. Por todo lo que recuerdo y lo que no, gracias, hermanos.