No puedo evitar taparme la nariz cuando me alcanza ese fétido hedor a hipocresía, que a medida que pasan los años, se hace cada vez más y más frecuente, tanto, que ya casi no logro distinguirlo.
¿A cuántos infelices somos capaces de desenmascarar? Y, lo que es peor, ¿cuántas máscaras posee cada uno? Si levantamos una tras otra, ¿qué nos quedará? Si continuamos así, probablemente encontraremos aquello que ni siquiera deberíamos tener interés en buscar, bendita ignorancia... Porque es más fácil así, es más sencillo resguardarnos en la mentira, allí, desde un oscuro rincón donde nos conformamos con observar al resto sin prestar demasiada atención, e intentando soslayar de igual forma las miradas que nos disparan.
¿Por qué mentimos? Muchas veces por nimiedades tales que no suponen daño alguno para nadie y, aunque todos sabemos que no es justificable tampoco de esta forma, no tienen importancia. Como tampoco la tienen las mentiras infantiles inventadas por niños (y algunos no tan niños) con ánimo de lucro o lucimiento personal. Las "malas mentiras" traspasan esa gran frontera y van más allá (sí, todavía se puede llegar a más), aquellas que nos rescatan de nuestros más profundos errores de los ojos acusadores de los demás, y nos devuelven a nuestro seguro cobijo, con nuestra máscara y nuestro rincón oscuro. Sí, estas mentiras están causadas siempre por el egoísmo, él es el causante de casi todos los problemas que nos rodean, también de ese hedor, está detrás de lo que vemos y de lo que no vemos, siempre él. Pensamos tanto en nosotros mismos que difícilmente descubrimos nuestro error, preferimos hacerle caso a él, y derivar nuestro fallo en el más cercano a veces o en el más vulnerable, o sencillamente lo ocultamos lo mejor que podemos.
¿Conciencia? Demasiado costosa e ineficiente, el egoísmo es más rentable, consigue la misma finalidad a mejor precio, al menos a corto plazo...Porque a largo plazo tiene la tara de dejarnos plasmado ese característico hedor, ese que nos delata, no todo iban a ser ventajas. También nuestras máscaras se vuelven de un color más llamativo, más difíciles de retirar cada vez, casi se convierten en una segunda piel.
Incluso después de leer este intento de filosofía barata, seguiremos pensando que son ellos quienes yerran, claro que ellos no cambiarán de opinión al respecto. ¿Cómo descubrir la "buena cara" de la verdad? ¿Cuántas caras tiene? ¿Sólo dos? Probablemente para saberlo necesitemos tirar la casa por la ventana y no abaratar costes así que por favor, no sed tacaños.